31 de enero de 2011

"El lenguaje es mi arma y mi escudo" [LJC, 1991]

Esta semana, la Pontificia Universidad Católica del Perú nos presenta una edición especial dedicada a Luis Jaime Cisneros. Llama la atención las opiniones y anécdotas contadas por algunos de sus alumnos, hoy maestros de la PUCP y extraordinarios lingüistas. Entre estas intervenciones destacan las que nos dan el profesor Rodolfo Cerrón-Palomino y el profesor Mario Montalbetti, la primera referida al papel que tuvo el maestro Luis Jaime Cisneros en la introducción de la Lingüística como disciplina de estudio en el Perú y la segunda, al aporte a la teoría lingüística con sus atinadas reflexiones sobre la pausa. A continuación reproducimos los textos completos:

Introdujo la Lingüística como disciplina de estudio en el Perú

Por Rodolfo Cerrón-Palomino

Podría decirse, sin temor a equívoco, que Luis Jaime Cisneros fue la primera persona que introdujo la Lingüística como disciplina de estudio e investigación en el Perú. Hasta entonces, los estudios del lenguaje en nuestras universidades tenían un enfoque eminentemente normativo, siguiendo la vieja tradición gramatical española. Es cierto que el nombre del padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure, no era desconocido en el ambiente académico, pero su obra, que hasta hacía poco circulaba solo en lengua extranjera, apenas era leída y menos comprendida. Será Luis Jaime, alumno privilegiado del responsable de la versión castellana de los apuntes del maestro ginebrino --don Amado Alonso--, quien introducirá en nuestro medio académico los postulados básicos de la Ciencia Lingüística. Atento, sin embargo, a las nuevas tendencias de la disciplina, tal como esta se desarrollaba tanto en Europa como en América, Luis Jaime tuvo la virtud de no encasillarse dentro de ellas, sabedor de que estas, si bien enriquecedoras, son inevitablemente pasajeras. A diferencia de algunos de sus colegas, el llorado maestro no se limitó a ser mero transmisor o divulgador de las corrientes novedosas dentro de la especialidad sino

que, valiéndose de los principios analíticos y metodológicos proporcionados por ellas, supo reflexionar sobre el funcionamiento del lenguaje a partir de nuestra propia realidad lingüística, sin olvidar jamás su condición de país plurilingüe, como lo prueban sus numerosos trabajos publicados. Heredero de una formación fundamentalmente europea, Luis Jaime ejerció con maestría tanto la investigación lingüística propiamente dicha como la filológica. Para él valía tanto el estudio de la lengua oral como el de la escrita, ya sea en su dimensión estrictamente funcional como en su manifestación textual y estética. Esta manera de practicar la ciencia, en un sentido amplio, y no reduciéndola a un inmanentismo disociado del hablante y de la sociedad en la que este se desenvuelve, es el mejor legado que los lingüistas peruanos, discípulos y luego colegas suyos, siempre valoraremos ahora que el maestro y guía se nos fue “rompiendo el puro aire al inmortal seguro”.


Son cruciales sus reflexiones sobre la pausa

Por Mario Montalbetti

A mi juicio, la contribución más importante de Luis Jaime Cisneros a la teoría lingüística es su insistencia en el lugar de la prosodia en los hechos del lenguaje. Lo que Cisneros intuyó correctamente es que más allá de los meros hechos cuantitativos asociados con la prosodia (acento, tono, duración,…) existe un elemento integrador en ella que trabaja tanto en el plano del significante cuanto en el plano del significado. En particular son cruciales sus reflexiones sobre la pausa (véase el Cap. XIV de su Funcionamiento del lenguaje como muestra). Una de mis primeras conversaciones con él en EEGG Letras giró sobre cómo recordábamos los números telefónicos. Digamos que el número en cuestión es 4006062, ¿lo recuerdo como “400-60-62” o como “40-06-06-2”? ¿O de alguna otra forma? Y lo que Cisneros demandaba con todo esto era fijarnos en las contribuciones prosódicas como integradoras de procesos cognitivos y no como meros adornos estilísticos. Muchos recuerdan de Cisneros sus clases en las que leía a Cervantes, Borges o Cortázar y señalan, con justicia, el “placer de escucharlo leer”. Lo que muchos olvidan, sin embargo, es que detrás de ese placer (o con él) Cisneros estaba sentando las bases de una delicada construcción cognitiva que nos abría la puerta al texto en cuestión. Su insistencia en los mecanismos de la prosodia son cruciales en todo esto y será recordado por ello.

Fuente: .edu

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